miércoles, 10 de julio de 2013

Investidura


Existen ciertos momentos donde se produce un cambio de paradigma y nos sorprende a todos mirando para otro lado, no es que suceda de repente sino que el cambio fue lento, progresivo y en un aspecto sobre el cual no estábamos atentos. Hace tiempo la investidura de un cargo público implicaba por parte del investido un conjunto de cualidades en cuanto a su capacidad y a su comportamiento, que los hacían dignos del respeto que supone la posición alcanzada. Uno suponía que un funcionario debía ser alguien capacitado, es decir con estudios o conocimientos suficientes como para desempeñar su función con idoneidad (cualidad de museo en estos momentos). Se daba por sentado que quienes ocuparan lugares en la función pública debían ser gente de bien, personas razonables y educadas. Durante mucho tiempo supuso un honor acceder a los cargos del estado y cuanto más alto en la jerarquía más alto el honor. Hoy sin embargo vivimos el final del cambio de este paradigma, resulta difícil suponer que puede darse una vuelta a tiempos mejores, aunque siempre mantengo esa esperanza.
Hace ya cierto tiempo que comenzó la declinación en la calidad de nuestros políticos, descenso que se ha convertido en caída libre en la década K. Lo que en un principio podía verse como un caso aislado hoy en día es más bien la regla. Antes era extraño notar la falta de cultura en un diputado o un ministro, hoy es normal ver la falta total de capacidad en los funcionarios. Hoy hay legisladores más preocupados por encontrar (si hace falta a la fuerza) una discriminación de género en los huevos Kinder que en ver el genocidio cometido sobre los pueblos originarios y no por Cristóbal Colón sino por los gobernadores K. Ya no sorprende que un legislador olvide las S cuando habla es más bien normal, el uso del lenguaje ha caído en desgracia en boca de nuestros políticos, quienes no pareces ser capaces de articular una frase bien armada “Cuando yo termino usted habla” (está como lo dijera Moreno). Podría seguir con esta línea argumental y encontrar ejemplos suficientes en la última semana como para llenar varios volúmenes. 
Lamentablemente no se detiene ahí sino que la debacle continúa y se agrava. Ya no sólo no poseen cultura o formación suficiente y necesaria para ocupar el cargo, sino que también se ha perdido toda norma de convivencia. Mientras nuestra presidente “lara lara lara” y algunos tildan a la iglesia de inquisidora o reivindican el holocausto y ven conspiraciones sionistas a su alrededor, yo me pregunto si puede de esta gente surgir algún destino mejor. Veamos si puedo ser más claro, hay funcionarios que creen que con una cámara en la cabina de los trenes los frenos no van a fallar por falta de mantenimiento por fallos de diseño. Hay quienes creen que controlando los precios de 500 productos se evitará la inflación en los 9500 restantes que conforman la canasta básica. Estos individuos suponen que la gente que sacó sus U$S por desconfianza en las políticas económicas del estado ahora se los van a traer y los van a entregar a cambio de bonos que solo cuentan con el aval de esta manga de inútiles.
Muchos cómplices (antes militontos o militantes) se ofenden por las supuestas agresiones a la presidente o a algunos miembros de la banda. La verdad es que esta gente denigra la investidura del cargo que ocupa, no respetan las decisiones de la justicia, atropellan al poder legislativo al conseguir sanciones de leyes de forma irregular. Mancillan el honor del cargo por su falta de conciencia democrática y republicana. Pese a todo y sin embargo muchos deciden seguirlos; se festeja el desacato a las normas, se maniobra en una constante rebelión con el sentido común, esperando de ello resultados contrarios a toda lógica y luego ante la iteración del fracaso se elige un culpable de entre los enemigos. Quien no comparte el pensamiento es descalificado y asociado a crímenes pasados, muchos de los cuales en realidad contaron en su momento con la participación de funcionarios del actual gobierno.
Transitamos por un cambio de paradigma, en el cual se está cambiando el sentido no sólo de la política sino del gobierno en sí mismo. Ya no hay ideas ni ideologías detrás de los movimientos políticos solo personas, los movimiento mesiánicos son la regla. La calidad de los políticos está más que degradada, ya ni siquiera se molestan en ocultar su corrupción, y tal vez esta sea la primera administración en la que pese a todo es casi imposible encontrar un político honesto. Todos intentan llegar ya sin importar el discurso o el rumbo, solo llegar, llegar a robar y poco más. Es decir que la ineptitud o la delincuencia son ahora los nuevos parámetros sobre los que medimos a nuestros gobernantes. Ya no es una cuestión de falta de respeto hacia quien ostenta el cargo sino que se ha perdido el honor y la dignidad de la investidura.

No hay comentarios:

Publicar un comentario